Vuelvo al blog con las lluvias
Perdonen el coma en que tuve al pobre blog, pero es que el verano no es mi estación. Como que la ropa de verano no se me da, o será que yo siento que no se me da, no sé.
Pero bueno, ya llegaron las lluvias y yo saqué de las cajas mis amadas, adoradas, hermosas botas. Todas ellas. Y ahora que las botas han vuelto a mi vida, ya puedo postear fotos de nuevo.
¿Quién me compra un Armani?
Hace una días fui al súper, y se me atravesó la Vogue de marzo del 2010. Normalmente no la compro porque, francamente, mi economía de estudiante hace difícil jusificar el gasto de $37 por una revista que va a terminar abajo de mi cama cubriéndose de polvo.
Pero bueno, esta vez la compré, y entonces vi el vestido que quiero usar para mi début en la Opera Comique. Toda la colección de Armani Privé es hermosísima, por cierto.
El regreso de Doris Day…with a twist
Ya había dicho que amo a Doris Day. Amo esta moda fresa de la primera mitad de la década de los 60. Me encantan las formas redondeadas y los colores pastel. A veces pienso que algunas prendas de esa época encajarían mejor en una repostería que en el closet de alguien.
Mi hermana me hizo el favor de mandarme este vestido, que me encantó. Desde que lo vi supe que era perfecto para el regreso de mi Doris interna, y sólo le pedí a Dios que me cerrara para poder estrenarlo cuanto antes y vivir mi fantasía sesentera. Pero nunca se debe copiar al pie de la letra el original, así que combiné el vestido con unas botas que Doris jamás usaría. Y bueno, el pelo tampoco es muy Doris, pero es maravilloso.
Por cierto, una disculpa por las fotos. Concho, mi fotógrafo, parece que no estaba muy inspirado este día.
Cristina, la pequeña niña de la pradera
Hace unos días Fer y yo estuvimos recordando las caricaturas que veíamos cuando niñas. Discutimos por qué Remy es el personaje más desdichado del universo, cómo Candy podía tener los mejores novios, y por qué Heidi siempre tenía esas chapitas. Y las chapitas me hicieron recordar otra caricatura: Laura, la pequeña niña de la pradera.
La verdad no me acuerdo mucho de ésta. Supongo que era una peregrina americana o algo así. Mi cerebro no guarda recuerdos inútiles, así que lo que se me quedó grabado fueron cosas importantes: las ya mencionadas chapitas, el pan que la mamá horneaba y la combinación de botas con vestido de Laura.
De ahí el vestido y las botas. La diadema la hizo Fer, y como es mejor que Martha Stewart con los accesorios de plumas y fue la que me recordó a Laura, debía tener presencia en la combinación.
Disculpen, perdonen, más que nada
Soy una mujer muy tontis. Borré la foto de ayer. Ni modo mis niños, no tendremos evidencia de lo que me puse. Y además, mi atuendo tenía el mejor nombre: maestra presbiteriana de viaje en las Cataratas del Niágara.
Les describo entonces. La inspiración fue una falda azul. Me gusta porque es como “vintageosa”, con la cintura bien alta y corte en A. Como esta helando, me puse unas medias azules, y mi abrigo negro. Y unas botas que le daban el toque de las cataratas del Niágara al atuendo.
Lástima, no hay testigos de su existencia.
Lucy, I’m home…
¡Volví! A México, a mi casa y al blog.
Y bueno, sí, sigo siendo gorda. Pero como dicen Trinny y Susannah, hay que aprender a vestirse sin importar el tipo de cuerpo que tengas.
Este vestido, que parece vintage pero no lo es, fue una maravillosa compra en el Target. Me gusta porque parece un vestido de los que usaba mi tía Meche.
Luis me regaña…..
Luis me regañó porque no escribo desde septiembre. La verdad es que me siento gorda, y eso hace que no tenga ganas de vestirme, y eso hace que no tenga fotos para subir, y eso hace que no escriba.
Claro, de vez en cuando he tenido muy buenos días, pero en general no ha sido la mejor época de mi closet. Además, con esto de la escasez y los cortes al suministro de agua, no he tenido toda mi ropa limpia y acomodadita en el closet hace mucho. Y por si fuera poco, Adriana ya no limpia mi casa. Así que no hay manera, no puedo tener ganas de bloggear así.
Mañana voy a visitar el Alamo Antique Mall. Espero que algún trajecito tipo Doris Day o una falda cincuentera me devuelvan las ganas de escribir. Y no te enojes Luis, ya regresaré algún día.
Nublado
Estos días no ha parado de llover. Tristemente, el verano en el D.F. dura la semana santa y después sigue la interminable época de lluvias que se prolonga hasta la mitad del otoño. Ya estamos en otoño, veremos cuándo para de llover.
Lo bueno es que ahora el cielo permanece gris todo el tiempo, no tenemos dos horas de frío seguidas de cuatro horas de calor y sol intenso para terminar con tres horas de lluvia por la tarde. Eso simplifica nuestras vidas porque no tenemos que cargar con ochenta suéteres que mnos quitamos y ponemos a lo largo del día. Además, anuncia la llegada de mi época favorita del año: la época de las medias.
Amo los vestidos de verano, pero los amo mucho más en invierno con medias y botas. Creo que ese es mi verdadero estilo.
Hoy decidí combinar con el cielo y me vestí de gris. Claro, con un twist.
Doris Day en depresión
Ayer estuve viendo fotografías de Doris Day porque estaba pensando en una de sus comedias románticas, “Pillow Talk”. Desde que la vi un sábado en la madrugada en el canal 11 quedé absolutamente fascinada, porque aunque la historia sea bastante boba y muy melosa, esa mujer tiene el mejor departamento y la mejor ropa.
Pues bien, estaba viendo las fotos y pensando “Quiero ser Doris Day” cuando recordé este saco. Hace años que no lo usaba porque le faltaba un botón, pero después de una rápida intervención quedó perfecto para volver a usarse.
El único problema con este atuendo es que parece de Doris Day en depresión profunda. O en un funeral. Deberé comprar ropa de colores más brillantes y seguir ¡ntentando. Así que este es el primer post de un look fallido. No es que lo odie, simplemente no es lo que tenía en mente. Mi idea estaba en Technicolor y esto está como película de Tim Burton.
Esta vez las fotos salieron todas mal. Muy borrosas. Seguro no se nota, pero traigo la diadema de plumas de hace algunos posts.
El más joven miembro de esta familia.
Tengo un vestido nuevo. Monchi me lo compró el domingo en un puesto coyoacanense. Ahora que volvió el tianguis de fin de semana Coyoacán vuelve a darme las mejores cosas.
Lo amo por la forma, por los colores, y porque con unas medias y una blusa abajo es un perfecto vestido de invierno.
Hoy, como se supone que es verano aunque las lluvias torrenciales digan lo contrario, lo usé solito. Sin jeans y sin blusas abajo. Un logro, por cierto, porque no me gustan mucho mis piernas y me siento muy desnuda con estos vestiditos de verano.
Los zapatos, mis Crocs morados. Ya sé que los uso demasiado. Y aretes de niñito de rosca.

















